martes, 30 de octubre de 2012

UNA NOCHE EXTRAÑA

UNA NOCHE EXTRAÑA
Esta es una noche extraña,una codorniz nocturna
se empeña en cantarle a la luna,
se escucha el graznido del cuervo
zaino, oculto dentro del cuadro rojo.
Todo parece artificial esta noche;
Tu palabra rota se clava
como un cristal en mi alma
y el punzón negro de tu silencio
hiere de muerte mi cordura.
Mis lamentos se estrellan
contra la pared artificial de tu sonrisa,
las caricias se marchitan 
en la maceta de los sueños olvidados. 
Mientras en la celda oscura
el amor,  condenado a muerte, 
espera inútilmente el indulto.
Se oye el eco de un piano solitario
entonando la melodía triste de
la “Pavana” de Ravel; le acompaña solemne,
una lámpara cargada de lágrimas.
El silencio  por fin venció al ruido,
en este recinto marmóreo en que descanso.

Esta es una noche extraña,
una codorniz nocturna
se empeña en cantarle a la luna.
Mª Isabel Machín.

lunes, 11 de junio de 2012

EL MIRLO BLANCO



                     





                                                      
A pesar de su aparente fragilidad e insignificancia, Lope  se consideraba así mismo “un hombre de  peso”. Cualquiera que conociera sus múltiples facetas y lo complejo de su carácter, lo definiría como un ser atípico, hiperactivo y polifacético; otros simplemente lo tacharían de chiflado; devoraba las lecturas con tanta avidez (obras maestras de la literatura, ciencia, política etc.) que su cerebro andaba desmadrado; era un auténtico enamorado de las palabras y como todo enamorado, vivía obsesionado por ellas; se batía en duelo ante cualquier aparente ultraje de las mismas; eran las protagonistas de muchas de sus acaloradas discusiones, aunque en honor a la verdad, había que reconocer que rebatir era una constante en su vida. Lope nunca salía de su casa sin su sombra, con ella tenía grandes debates filosóficos; de regreso al hogar la sombra se retiraba a descansar pues sus  elucubraciones la dejaban exhausta, él, sin embargo, se sentía pletórico y se enzarzaba  dialécticamente en un cara a cara con el hombre del espejo que, según decía, le desafiaba constantemente con la mirada.
Otra  de sus excentricidades consistía en ir de excursión, cámara en mano, por el cementerio, le fascinaba fotografiar las peculiaridades de algunos epitafios. El sonido del viento arrullando los cipreses le proporcionaba sosiego; había establecido un vinculo con un magnifico ejemplar de mirlo albino que cada día al atardecer escogía   la tumba de la adolescente Julieta y, posado sobre ella, ofrecía un recital aflautado cuya  riqueza de repertorio,  variaciones melódicas y  capacidad de improvisación lo dejaban extasiado; bajo el hechizo de esas tardes primaverales encontró la forma de entablar un juego con sus amadas palabras hilvanando sonetos.
 A pesar de sus excentricidades, a Lope le gustaba alardear de ser: "un hombre normal que se visten por los pies" ...Aunque en la noches de luna llena  no pudiera  evitar travestirse.
                

martes, 24 de abril de 2012

EL JARDÍN DE LAS PRIMAVERAS PERDIDAS


El jardín de las primaveras perdidas.

Hacía tiempo que Sofí deseaba desarraigar todo lo que crecía  jardín adentro; liberar la tierra de las malas hierbas era como liberarse a si misma de la hipocresía. No pretendía ahondar en los motivos que se escondían tras este anhelo, pero lo cierto era que, la sola contemplación de aquél vergel, le desgarraba el alma; cada flor representaba la perdida de una caricia nueva, cada semilla germinada era un reproche a la propia esterilidad de su relación. Durante años, Luis y ella derrocharon su tiempo y energías cultivando begonias, pensamiento, silencios, azucenas, renuncias, gardenias, apariencias... Fue así como sus cincuenta primaveras quedaron reducidas a un ramillete de flores secas. 
Todo empezó con aquél árbol, su suegra lo plantó junto a la casa como un guardián; parecía florecer solo a instancias de los continuos cuidados y abrazos de Luis; rió compulsivamente al recordar la imagen, su risa pronto perdió el disfraz  y durante unos  minutos fue solo llanto ¿Como confesar que competía por amor con un  árbol sin que la llamaran  loca?  Últimamente sus raíces, se habían extendido peligrosamente bajo los cimientos de la casa, se aferraban a ella como garras perforando cañerías y baldosas; Luis inventaba excusas para todo con tal de conservarlo y allí seguía erguido, arrogante, provocador, intolerable. Siempre creyó que era algo así como el Álter ego de su suegra.
Sofí entró en la casa decidida y salió armada con una sierra eléctrica.
-¡Tiempo de morir maldito!- Gritó enajenada, mientras lo seccionaba con la sierra; no se detuvo hasta verlo caer definitivamente vencido a sus pies.
 Exhausta y triunfante se tendió sobre la hierba a contemplar complacida la  ausencia de su enemigo; era solo el comienzo…Y todo lo que hasta entonces fue, dejó de ser en aquel instante.








viernes, 6 de abril de 2012

RETRATO DE UN ATARDECER

1                             
                                                                       
    Desde la terraza observa embelesada el paisaje de otro atardecer lleno de matices en el pueblecito costero donde disfruta placidamente del otoño de su vida. Quisiera ralentizar en tiempo, que su  otoño sea largo, muy largo, antes que lleguen la primeras ventiscas que preceden a las duras heladas del invierno.
A nadie le extraña ya su idilio con el mar, que  siempre pregonó a los cuatro vientos. Hoy cumple por fin aquella vieja promesa de jubilarse a sus orillas, al abrigo de las montañas.
El mar, su amado mar, lucía esta tarde singularmente bello, salpicado de pequeñas barquichuelas, estas, parecían bordar de colores su falda marinera meciéndose al arrullo de sus mansas aguas. Las gaviotas, gritaban alborotadas lanzándose al festín que ofrecían los peces atrapados en las redes que los pescadores recogían al terminar la jornada. El sol derramó entonces una estela de oro sobre el mar y trazando un camino, se perdió en el horizonte; desde allí se despidió con un autentico festival de colores.
Una mariposa monarca pérdida distrajo su atención al posarse en la barandilla de la terraza extendiendo sus alas; Pancho –su gato- pareció salir de un largo letargo, estiró las patas con su pereza habitual  y haciendo honor a su nombre, se acercó con andar indolente a echar un vistazo a la intrusa, la observó unos instantes con indiferencia, luego, dándole  la espalda, regresó lentamente a su lugar de descanso; allí tumbado panza arriba, esperó que el sol le acariciara con sus últimos rayos. Mientras, poco a poco, la tarde se iba vistiendo de noche.
     Sobre la mesa, un cuaderno de notas, el bolígrafo y la máquina fotográfica, se sienten olvidados, pero ellos ya conocen su vieja pasión por el mar y sus atardeceres

martes, 3 de abril de 2012

EL AMANECER DE UNA ARTISTA

                                                                  
                                                    MARGOT LEANDRO CASTRO


 
 

                   Dedicada a mi amiga Margot Leandro y sus fotografía, no dejen de ver su blog

                                                           "La Magía de un instante" 




Ella camina  cámara en mano y  parece perdida, pero no te engañes amigo, porque  no  lo está, solo absorta, hasta se podía decir que ha sido abducida.
Su mirada trasciende más allá de  lo cotidiano, ella ve cosas que otros hemos olvidado mirar o que quizás nunca vimos.
Su objetivo entra por sus ojos, la cámara es su cómplice; se interesa por todo y  todo cobra vida en su retina, luego, confabula con su cámara (esta es  su aliada), para regalarnos la belleza extraordinaria de lo cotidiano como un  milagro:  
Una abeja polinizando una flor, una garza  que pierde la batalla  alimenticia contra su pequeño bocado, dos aficionados a la pesca en un diálogo mental de competencia deportiva… ¡Magníficas instantáneas fugaces robadas al tiempo!
Créeme,  no intentes juzgarla, no podrías, ¡ella ha sido tocada por el arte!, ¡tocada por el arte amigo!, eso no es cualquier cosa,  ya no tiene vuelta atrás; no todos los fotógrafos, ni aún los profesionales,  pueden ver lo que  ella ve;  son expertos, eso sí, en manejar una técnica depurada, pero el arte es un regalo que la vida otorga  a unos cuantos privilegiados, es,  como entrar en otra dimensión, algo que  muchos esperan  toda una vida sin conseguirlo; pero ella es una  elegida, es por eso que camina así,  como perdida,  como enamorada, su mirada está siempre  iluminada, lleva puesta una  sonrisa que es su sello y le acompaña  esa forma de estar, ¿sabes?, como esos seres etéreos que pasan rozándote, sin hacer ruido, sin imponerse, pero su presencia te invade.
 Solo cuando duda, por un instante, desaparece su luz, pero como todos los seres especiales, corrige el rumbo de inmediato y ahí está de nuevo… ¡Ahí está ella!,  la que tan pronto mira al cielo como al suelo, la que hinca su rodilla en la tierra y espera pacientemente  el momento en que brota una flor, o que la mariposa  monarca abandona su crisálida, o una gota de agua atrapando un edifico en su interior….absolutamente todo se vuelve mágico ante sus ojos.
Y ahora amigo mío, sigue si puedes su estela y  espera,  porque  ella es una  estrella con brillo propio y  su camino solo acaba  de empezar.

Con cariño y admiración
 Isa                             
 9-11-2.009

viernes, 30 de marzo de 2012

LA ESPERA


 
 
Nada más existió para ella desde aquél día, ni los niños que jugaban a su alrededor escondiéndose tras ella como si solo se tratara de una parte más del mobiliario urbano de la estación, ni aquél caballero que, quitándose el sombrero, se hizo a un lado amablemente al percibir en su mirada el desgarrador vacío de tan infructuosa espera, ni el flash del fotógrafo que una vez más captaba su desolación. Se habían derramado ríos de tinta sobre su caso: “La novia loca que aún espera todos los días al soldado Javier Olmedo en el tren de las seis; nunca aceptó el fatídico día de su regreso en aquél oscuro cajón, cubierto por una bandera, que los soldados bajaron con solemnidad del vagón de carga”. Tampoco supo nunca en qué momento dejó de sentir dolor para convertirse en la estatua de bronce que hoy adornaba la estación. 
Al terminar su artículo Mauricio Contreras se acercó a contemplarla de nuevo y como siempre le embargó la ternura, le parecía tan real su desamparo que en un impulso irracional se quitó la chaqueta y cubrió con ella sus hombros desnudos.
 
 
Texto: María Isabel Machín García
Narración: La Voz Silenciosa

UNA TARDE GRIS

Ayer vi a un hombre descalzarse y abandonar sus alpargatas raídas como señal de rendición; luego se sentó a orillas de su desesperación, con los hombros ligeramente inclinados, las manos apoyadas en el suelo como quien sostiene sobre sus espaldas el peso de innumerables derrotas; cabizbajo y reflexivo parecía meditar sobre cada uno de los sueños muertos en tantas batallas libradas sin éxito; sus pies colgaban descalzos balanceándose sobre las turbias aguas del abandono y fue entonces cuando la tarde conmovida y solidaria se desnudó abandonando sus colores y poco a poco se vistió de gris.
Mi amiga me dijo, que ya estaba yo otra vez fantaseando con las vidas ajenas, que aquél hombre solo estaba tratando de refrescarse en la fuente porque la tarde-según ella- había estado soleada y calurosa, que luego, simplemente se había cubierto de nubes. Yo me uní a la tarde y guardé silencio.
Texto: María Isabel Machín García
Narración: La Voz Silenciosa

CARTAS DE AMOR Y DESENCUENTROS


4 de Febrero.
Hoy encontré una carta de amor bajo mi puerta; sin remitente, escrita a mano, con una caligrafía impecable; algunos rasgos de sus letras son tan personales que entusiasmarían a cualquier grafólogo; un texto elaborado con pulcritud, aunque reconozco algunas frases plagiadas, perfectamente encajadas en el escrito. En otro tiempo, esto me hubiera bastado para rechazarlo; nunca admití los engaños. Ahora lo contemplo con otros ojos; valoró su audacia; ese deseo de deslumbrarme con pequeños hurtos literarios, me conmueve. Supondrá que leo poco ¿quién puede imaginar mis aficiones literarias con esta guisa de triste dependienta de perfumes (sin perfume) a orillas de la jubilación?
Me dice, que desde hace años me ama en silencio; que nunca se atrevió a abordarme y prefirió que habitara sus sueños antes que aniquilar sus esperanzas con mi rechazo; pero que últimamente le está resultando difícil contenerse, consciente de que “el tiempo se nos escapa sin darnos tregua”.

7 de febrero.
¡Que larga se me hace la jornada entre aromas que odio! Al salir, escondo mi desgastada máscara de amabilidad forzada y acelero el paso. El corazón me late con fuerza al abrir la puerta de casa; sin encender la luz, palpo ansiosamente el suelo; la emoción de ese momento a oscuras, hasta que encuentro su carta, no lo cambiaría por nada; luego, la guardo celosamente para leerla al final de la noche. Hoy, me ha descrito con detalle el recuerdo que guarda de mi imagen montando en bicicleta, con la melena y la falda al viento. ¡Sabe Dios cuantos años hace que perdí de vista esa ridícula bicicleta con cestita; al igual que ocurrió con mi melena de la que me deshice junto con todo lo demás, el día que-harta de esperar- decidí desarmar mi coquetería.

9 febrero.
Ahora, mi corazón no quiere renunciar a estas misivas amorosas y me somete a la dictadura de sus impulsos, la sensatez que desde hace años regía mi existencia ha sido destituida. Bajo este yugo arrebatado, he comprado una falda de vuelo, a pesar que, desde hace años, sustituí mis vestidos por cómodos vaqueros. Al llegar a casa me la probé y bajo el influjo de la voz profunda de Leonard Cohen (la melodía que él dice escuchar mientras me escribe) comencé a danzar descalza, mientras mi falda volaba; danzaba ágilmente, como poseída por la imagen de mi juventud, sintiéndome ridículamente feliz.

14 de febrero 2.012 He notado que este estado de creciente felicidad me reconcilia con la vida y en el trabajo disfruto como antaño. Esta noche al llegar a casa creyendo oír pasos, corrí escaleras arriba; me sorprendió un ramo de margaritas en mi puerta. Presa de un impulso, toque el timbre de mi vecino Juan -por si había visto a alguien merodeando por allí-. Cuando abrió, nuestros ojos se encontraron y su rostro pareció iluminarse; por un instante, creí que me revelaría algo, pero, inexplicablemente, bajó la mirada negando con la cabeza. Molesta con él- no sé bien por qué- me dí la vuelta y cerré de un portazo.
Este Juan, sigue igual de apocado e indeciso. ¡Siempre me contuve de sacudirlo para que espabilara, desde que éramos de la pandilla del barrio! Mejor así, tampoco yo necesito desvelar quien me escribe.

Texto: María Isabel Machín García
Narración: La Voz Silenciosa

LUCIÉRNAGAS EN EL JARDÍN


Deambulaba por la casa arrastrando los pies, preso del desaliento, totalmente abatido, con la angustiosa sensación de que la sequía de su mente se estaba eternizando. Observó con extrañeza el escenario, ajeno a su manía por el orden; la papelera desbordada vomitaba los sobrantes de su contenido al suelo en un reguero de notas arrugadas, como si se encogieran avergonzadas de su contenido; sobre la mesa del escritorio, yacía el cenicero atestado de colillas estranguladas a medio usar, testimonios de esa dicotomía interna propia de un exfumador relapso consumido por la ansiedad de las largas noches de espera. La casa entera gemía de ausencia; era el momento de buscar ayuda en sus moradores silenciosos: los libros, nunca se deshizo de ninguno, 
los amaba, a cada cual por algo diferente. Escogió uno al azar entre sus “favoritos” y se acomodó en el sofá; lentamente, como quien saborea una exquisitez, consumió poco a poco la lectura sintiéndose reconfortado; el frío de la soledad en la que lo había sumido su ausencia se fue disipando. Aunque presentía que esta vez el abandono era definitivo. 
Hoy, el vecino, un joven y exitoso escritor, le había invitado a la presentación de su nuevo libro. Una vez allí, todos sus temores se confirmaron; se plegó sobre sí mismo como si lo atravesara una daga afilada en el instante que escuchó el título: “Luciérnagas en el jardín”; ¡eran sus “luciérnagas”! las guardaba celosamente para el lanzamiento de su próxima obra; ¡nadie más lo sabía! Comprendió entonces con quien se había fugado su Musa.
Texto: Maria Isabel Machín García
Narración: la Voz Silenciosa

ALBA






Desnudo de mujer
Joaquín Sorolla, 1902


Alba acepta su destino de musa solitaria, de mujer imposible e inalcanzable; aquella que se admira y se desea pero nunca se posee; la que jamás se olvida; esa con quien sueña el artista mientras desfoga su pasión con la compañera de turno; entretanto, su mente teje para ella los versos más hermosos.
Alba se sabe protagonista de muchas quimeras enquistadas. 
Su lozanía se perpetúa más allá del tiempo, pues nada hay que permanezca tan vivo en el alma de un artista, como la imagen idolatrada de un amor imposible.
Alba desnuda, rabiosamente bella, voluptuosa y distante, atrapa el alma del visitante del museo.

martes, 20 de marzo de 2012

JULIETTE Y "LA HUELLA DE LA AUSENCIA"






            Juliette y “La huella de la ausencia"



A Juliette  le gusta fotografiar las huellas de la ausencia, objetos que hablan, que cuentan historias…Un libro de poemas olvidado sobre un banco vacío que conserva el calor de los amantes; una mecedora que se balancea arrullando soledades; Un viejo sombrero que, sobre  una mesa tullida, guarda restos de pensamientos furtivos; Unas botas gastadas y polvorientas, cuenta historias de caminantes que, como dijo el poeta, hicieron camino al andar; juguetes rotos, olvidados al pie de una escalera; una casa en ruinas parece crujir aquejada de olvido. Trepadoras marchitas aferradas a los muros en un abrazo pos mortem; en una pared desnuda, cuelga un viejo cartel del film  “Sombrero de copa” donde Fred Astaire y Ginger Roger bailan  “Cheek to Check”...
Juliette presenta sus fotografías en blanco y negro; le gusta jugar con luces y sombras que confieren a su obra una gran belleza.    
La tragedia marcó su vida a una edad muy temprana. El destino le arrebató de un zarpazo a su amado en plena juventud; este impacto traumático la desterró a la nada y vagó por un inmenso vacío. Fue de la mano de la fotografía que regresó de su exilio.
La primera vez que Juliette tuvo conciencia de haber captado con su cámara algo especial, fue al revelar el retrato que hizo a la madre de su novio tras la muerte de este; allí, prendida en sus ojos, descubrió lo que ella llamó: “ la huella de la ausencia”, este hallazgo dotó de arte toda su obra.
                                                                      

sábado, 17 de marzo de 2012

ABONO PARA ROSAS

ABONO PARA ROSAS


 Mi abuelo  Justiniano Bonifacio Camino Asegurado, hombre sumamente culto y leído,  amante de la cultura griega, luchó lo indecible para que le admitieran los nombres propios elegidos para sus  mellizas; primero contra su esposa, mi abuela María de las Angustias del Arrollo Pulido que se oponía con fiereza  a tal desatino; ¡¡bastante tenían sus hijas, con cargar con sus apellidos, “Camino del Arrollo”!!  Luego, combatió la oposición de las autoridades eclesiásticas, que  pusieron como condición, anteponerles a ambas el nombre de  María; esto tranquilizó a mi abuela.  Las niñas se llamaron  María Temis y  María Némesis. Pero mi abuelo, Justiniano Bonifacio, gritaba  con dos pares de narices, a todo pulmón, los nombres de sus niñas:
-Teeeemis - Néeeemesis-
Curiosamente, desde bebés, solo atendían a estos  nombres.
 Recibieron una esmerada educación bajo la tutela de su padre; pero lo que nadie podía presagiar era, hasta que punto, los nombres de estas diosas griegas de la justicia y  la venganza determinarían sus vidas
Poseían gran inteligencia y  un fino sentido del humor. La botánica no tenía secretos para ellas; elaboran todo tipo de preparados con hierbas naturales, (que cultivaban en un pequeño huerto) y una pizca de productos químicos, suministrados por su amigo Rigoberto, el boticario del pueblo.
Dedicaban horas al cuidado sus rosas, famosas por su peculiar color rojo brillante debido- decían- a un componente secreto del abono.
 Justiniano Bonifacio, nunca imaginó, que sus niñas,  aplicarían la justicia  “con un par de narices” y sin temblarles el pulso.
Desde hacía algún tiempo, venían desapareciendo, como por encanto,  algunos maridos infieles de la comarca;  por  cada hombre desaparecido; en el jardín de mis tías,  aparecía un nuevo rosal. Cuando quise preguntarles, era demasiado tarde, pues aquél terrible día, mis tías fueron sorprendidas por la señora de la guadaña y allí quedaron, sentadas en sendos sillones, como si fueran cada una, el espejo de la otra, las cabezas ladeadas, las piernas extendidas, las manos abandonadas a su suerte,  y las tazas de té derramadas sobre la alfombra…
“Muertes sincronizadas”, dictaminó el forense  y se quedó tan ancho.
La policía encontró un diario escrito a dos manos. Contaban los hechos, con un par de narices: Acreditamos nuestra  inocencia,  fueron ellos los que  ingirieron de golpe el “elixir de la potencia” buscando aumentar su efecto y sabemos, que  “La diferencia entre medicina y veneno está en la dosis”
Han sido malos,  sin embargo, son buenos como abono para rosas.

 Relato preseleccionado para el concurso "CON UN PAR DE NARICES" 19-Marzo de 2.012
 en la Esfera Cultural