domingo, 17 de febrero de 2013

"Amargor" Pasarela 2.013







¡Qué extraño color es este que has creado, Bertoni! Solo verlo me pone los pelos de
punta; tú y tu manía de innovar; tendrás que combinarlo en pasarela con complementos en tonos pastel que hagan menos trágico el diseño y le aporten cierta dulzura a la modelo.

–¡Nada de complementos pastel! Me niego rotundamente a que nada alivie el impacto que espero sobre los asistentes. “Amargor” es más que un color y se complementará con su fragancia.
–¿Color y aroma “Amargor”? ¡Diablos, Bertoni!

–Soy el creador, ¡puedo llamarlo como quiera! El misterio está en que aún no sé lo que experimentará la modelo.

–¿Qué dices, no le has hecho pruebas?

–¡No! Será una puesta única para la pasarela.

Todos se giraron ante la aparición de la modelo en la pasarela; nadie podía apartar la mirada de ella, su sola presencia sobrecogía; el color del vestido se agarraba a su cuerpo como si formara parte de su piel; la expresión de su rostro y su mirada quebraban toda superficialidad en los asistentes; el aroma de “Amargor” inundó la sala, penetrando en las conciencias de los invitados que experimentaron una catarsis.

Impregnados de “Amargor” hasta los huesos, salieron a la calle y, avergonzados, quedaron desnudos y descalzos ante la multitud; rechazaron sus limusinas y ya no hubo marcha atrás en sus vidas.
Texto: Isabel Machín García

viernes, 15 de febrero de 2013

Mientras anochece


















Mientras anochece,
sin luna, sin sol,
solo iluminada por
la tenue luz de tu ausencia
que titila moribunda.
Hoy como ayer,
igual, igual, que mañana.

Mientras anochece,
y las pesadillas invaden
mi inquieto duermevela,
el suave murmullo de tus versos
silencia los aullidos de mis miedos.
Hoy como ayer,
Igual, igual que mañana.

Mientras anoche,
y la tormenta arrecia
sobre mi alma desnuda,
siento el calor de las brasas,
que aún arden entre las cenizas,

de la antorcha que un día fuiste.
Hoy como ayer, igual,
igual, que mañana.



María Isabel Machín García

Lamentos de un poeta silencioso











Y ya nunca más le dije te quiero,
nunca más…

Ni en aquellos amaneceres,
cuando los primeros rayos del sol
iluminaban sus cabellos revueltos
sobre la almohada,
ni cuando mi mirada recorría
su espléndida desnudez sobre las sábanas
y convocaba silencios para no despertarla.
¿Por qué nunca escribí versos a mi amada?

Y ya nunca más le dije te quiero,
Nunca más….
Ni en los atardeceres,
cuando los colores del crepúsculo
la rodeaban de aquél aura mágica…
y allí, sentada, junto a la ventana,
mi mente la acariciaba
como se acaricia un lienzo
con suaves pinceladas.
¿Por que nunca escribí versos a mi amada?

Y nunca más le dije te quiero,

Nunca más…
Ni cuando danzaba descalza por la arena
y se bañaba desnuda bajo la luna llena.
Ni cuando en primavera, tumbada,
sobre una alfombra de margaritas nuevas
me leía entusiasmada sus poemas.
¿Por qué nunca le escribí versos a mi amada?

Y nunca más le dije te quiero,
nunca más...
Ni cuando se quejó entre lágrimas
de que ya no la amaba.
Ni el día que se fue y entre sus cosas,
se me llevó el alma
Ni aún cuando empecé a morir, sin ella,
cada madrugada.

¿Por qué nunca escribí versos a mi amada?

María Isabel Machín García

Suéñame de otoño.








                                   


Suéñame de otoño amigo,
no te engañes a ti mismo
 soñándome rebosante
de exultantes primaveras.

Suéñame de otoño
cual tímido rayo de sol
tratando de abrirse paso
entre los ocasos grises.


Suéñame de otoño
con los pies descalzos
desandando huellas
 en las arenas negras
de mis viejos miedos.

Suéñame de otoño,
entre atardeceres de calmas marinas,
de serenas aguas que mecen las barcas
junto a la bahía.

Suéñame de otoño,
 cuando las hojas caidas
celebrán
su festín de colores

alfombrando los campos de hojas secas
 como amores muertos.

Suéñame al fin amigo mío
al calor de tus versos,
que no nos vaya a sorprender
el crudo
invierno
desnudos de palabras
tiritando de soledades.

Mª Isabel Machín García